La botella vacía rueda por el suelo y golpea suavemente contra la mesa de centro, acompañada por el eco apagado del cristal. Julian se deja caer en el sofá, con la camisa abierta, los ojos enrojecidos y el aliento impregnado de whisky. La penumbra de su departamento apenas es interrumpida por la luz parpadeante de la ciudad entrando a través de las persianas.
En su cabeza, la misma imagen lo tortura una y otra vez: Giorgia, en su cama, con Chase. En esa cama en la que tantas veces le hizo el