Luciano, desvelado, se encontraba sentado en el suelo, junto al sofá donde Gabriele dormía, hecho un ovillo bajo la manta que él mismo le había puesto horas atrás. Lo contemplaba como a algo que se teme tocar por miedo a destruirlo. Cada resuello de Gabriele era como una resonancia lacerante dentro de su corazón.
¿Qué estoy haciendo?, pensó Luciano. Tenía a su alcance aquello que más había amado, pero también era aquello que más miedo le daba: la posibilidad de perderlo de nuevo, de arrastrarlo