El invierno había regresado a Maine con una ferocidad que parecía personal, como si el clima mismo estuviera respondiendo a la agitación política que dejamos atrás en Ginebra, me encontraba en la Sala de Guerra de la Academia, una estancia que antes era el solárium de la mansión y que ahora se había transformado en el nexo táctico de la Red de Vida. Las paredes de cristal reforzado estaban cubiertas por una fina capa de escarcha que los calefactores apenas lograban disolver, creando un efecto d