Lucas
Ares lucha por no atacar; su olor nos está afectando la mente. La fase de celo ha vuelto locos a lobos, quitándoles incluso la capacidad de reconocer a su propia familia. Basta con el olor de una loba en celo para que toda razón desaparezca. No hay comando que detenga a un lobo enloquecido por el celo, y ahora estoy encerrado en una casa con ella mientras su pareja está afuera, enfrentándose a tres Alfas y a la mitad de nuestras patrullas.
Si no hubiera vivido con ella y me hubiera acostumbrado a su olor normal, estaría junto a ellos, queriendo aparearme con ella a cualquier costo. Corriendo hacia la cocina mientras todavía conservo algo de juicio, agarro cinta adhesiva antes de correr hacia mi habitación.
Cierro la puerta con llave, antes de colocar camisetas en el hueco de abajo y pegar la cinta para sellarla, cubriendo los lados y la parte superior, cualquier cosa para evitar que su olor entre a la habitación.
–¿Está en casa? –pregunta Ryden a través del enlace mental.
–Sí, p