Ryden me condujo hacia la casa.
—Hay alguien esperándote adentro —susurra, haciendo que me aparte de él—. Está en la sala, lo saqué del trabajo.
Le lanzo mi bolso antes de correr hacia adentro. Ryden ríe detrás de mí mientras deslizo los pies por el suelo; mis zapatos pierden tracción y apenas logro sujetarme del marco de la puerta.
—¡Papá! —chillo antes de lanzarme a sus brazos.
—Calabacita —dice, abrazándome fuerte.
—Te extrañé —confieso, devolviendo el abrazo con todas mis fuerzas.
—¿Cómo pu