La llamada que estaban esperando aún no llegaba. Ya habían pasado más de dos horas y nada que el Cuervo se contactara con ellos. Eso no solo preocupaba a Michael, sino a todos los que estaban en esa habitación de hotel. Bueno, salvo a uno… Chávez se mantenía tranquilo, su rostro inexpresivo, casi impasible, pero era comprensible: no era su bisnieta, nieta, hija o sobrina la que estaba secuestrada por un loco desquiciado con necesidades de afecto.
—Maldita sea, ¿cuándo va a llamar este tipo? —Pa