El trayecto de regreso desde el Centro Cultural fue un desierto de palabras. El interior del sedán de lujo de Julián olía a cuero nuevo y a un perfume de sándalo que a Valeria, por primera vez, le resultó asfixiante. Julián mantenía las manos sobre el volante en la posición perfecta, con los nudillos ligeramente blanquecinos, pero su rostro era una máscara de serenidad profesional. No fue hasta que llegaron al apartamento de Valeria, un espacio minimalista de techos altos y ventanales que daban