María Isabel
Duele como el infierno, el asiento justo dió en mi nariz cuando Amin se detuvo, ahora está frente a mi, con el rostro preocupado y sosteniendo el pañuelo para evitar más pérdida de sangre.
Hace años que no sentía tanto dolor, puedo ser una niña cuando me lastimo.
— Lo siento, te juro que lo ví, ese idiota saltó de la nada — no voy a culparlo, el pobre se trasladó a los asientos traseros en cuanto vió que estaba herida — Llamen al médico, lo esperamos en casa en 10 minutos, no más