—Los recibiremos como se había planeado. No podemos permitirnos un error más.
Yusuf asintió, tecleando las órdenes para el equipo apostado en la terminal. Mientras los analistas se movían en sus puestos, Aras regresó al silencio de su propia mente, atando los cabos sueltos del viaducto. Había un detalle que no dejaba de causarle ruido: Lale estaba viva. Si los captores hubieran sido mercenarios sin escrúpulos, la habrían ejecutado en el acto para no dejar testigos. Dejarla en el área boscosa