—¿Me estás diciendo que debo estar agradecida, Hülya? —Fatma se giró bruscamente, con el rostro tenso y las lágrimas aún frescas—. Desde que esa mujer llegó, solo trajo la desgracia a esta familia. ¡La caída de la empresa también fue su culpa! Antes de ella, nada de esto había pasado. ¡Deja de ponerte de su lado!
Hülya exhaló un suspiro cargado de frustración. Sabía que el orgullo ciego de su hermana no la dejaría razonar esa noche. Sin decir una palabra más, dio la vuelta y salió de la habit