Con un asentimiento hacia ambos, Burak se retiró de la oficina, cerrando la puerta tras de sí. Melani se mantuvo en su sitio. No se movió, ni cambió su expresión, ni mostró el más mínimo indicio de querer armar una escena personal en el entorno de trabajo. Se limitó a sostenerle la mirada al patriarca con una calma casi espiritual.
—Buenos días, señor Köksal —saludó con una cortesía que rayaba en la distancia gélida.
Aras caminó hacia el ventanal, pero sus ojos no se apartaron de ella. Su