Fue casi a la medianoche cuando un estruendo ronco y la vibración profunda del casco indicaron que los ingenieros de a bordo habían logrado restablecer el sistema de inyección del navío. Lentamente, la imponente embarcación cortó la densa bruma del Mar de Mármara, abriéndose paso a ciegas hasta que las luces de la costa de Estambul comenzaron a dibujarse en el horizonte.
El yate atracó finalmente en el puerto privado de Ambarlı. Aras descendió por la pasarela con paso rígido, con la mandíbul