Aras Köksal
El portazo que dio Yusuf al salir escoltando a Melani todavía resonaba en las molduras de la sala cuando el aire, contenido por pura estupefacción, explotó.
Me quedé de pie en la cabecera, con las manos apoyadas sobre el nogal, sintiendo la vibración de la mesa bajo los golpes de mis tíos. El silencio gélido de Melani había sido sustituido por un caos de voces roncas, gestos violentos y el aroma a tabaco rancio que parecía emanar de la furia de los ancianos.
—¡Has perdido el