Melani Fernández
Me desperté con el sonido de una llamada a la oración que flotaba sobre las aguas, un canto profundo y melancólico que parecía vibrar en los cristales de mi nueva residencia en Nişantaşı. No era un hotel; era un apartamento de techos infinitos y molduras de oro, situado en el corazón del distrito más exclusivo de Estambul. Al abrir los ojos, lo primero que vi fue el Bósforo a través del ventanal, un gigante azul salpicado de barcos que conectaba dos continentes.
Viena se