—Necesito acceso a los últimos manifiestos de carga, tanto privados como comerciales, de los muelles que manejamos con Europa —ordenó Aras con la voz casi quebrada.
—Aras Bey, detengámonos y pensemos con la cabeza fría —susurró Yusuf, intentando contener la tormenta.
—¿Qué debo pensar, Yusuf? ¿Que no estuve ahí para protegerla?
—No, pero si fue Von Seidl y no los rusos, al menos sabemos que no le hará daño. Es su exesposa.
Aras se giró hacia su mano derecha, con los ojos grises cargad