ARAS KÖKSAL
Cuando el pomo de la puerta dejó de moverse y los pasos de mi madre finalmente se alejaron por el pasillo, solté un suspiro rudo, pasando la mano sana por mi rostro frustrado. La intromisión de mi madre me había cortado la inspiración por completo.
Caminé hacia mi escritorio con la mandíbula rígida. Necesitaba drenar la tensión, así que abrí el cajón, saqué un cigarrillo y un encendedor de plata. Sin embargo, antes de encender la llama, noté la mirada de Melani fija en mis man