Aras estaba rodeado. Los mismos hombres que ayer dudaban de él, hoy buscaban su favor, estrechando su mano con una urgencia casi febril, como si el éxito fuera una enfermedad contagiosa que todos ansiaran contraer. En medio de ese estruendo de felicitaciones, Melani se sintió extrañamente sola. Se apartó del grupo con movimientos lentos, caminando hacia el gran ventanal que ofrecía una vista privilegiada del Bósforo y de la pantalla gigante que, en la fachada del edificio de enfrente, proyecta