Melani Fernández
El silencio en la casa de campo de los Köksal, en las afueras de Şile, era particularmente de un cristal fino, interrumpido únicamente por el crepitar de la chimenea y el rasgueo de mi pluma sobre el papel. Aras había insistido en venir aquí, lejos de los ojos de la Torre y de la presencia asfixiante de sus tíos. Aquí, frente al Mar Negro, el mundo parecía reducirse a dos personas intentando detener una caída libre.
Me incliné sobre los mapas de rutas comerciales. Mis si