El sol de la tarde comenzó a bañarse en los tejados de Kanlıca con una luz dorada y pálida, filtrándose a través de los ventanales de la nueva villa.
El timbre de la entrada interrumpió la quietud. Un par de escoltas de confianza de Aras entregaron varias maletas impecables con las pertenencias personales del apartamento en Nişantaşı, junto con su ordenador portátil y un teléfono móvil. Minutos después, un médico de absoluta discreción enviado por los Köksal se presentó para realizar una rev