S E X T O . P1
Parte uno
Siguió a Bastián por el camino de grava hacia las callecitas de adoquín; al final los esperaban dos corceles que comían la hierba esmeralda y fresca que crecía por allí. Némesis jamás había visto un lugar con tanta vida, colores y belleza como aquel.
—Hola, preciosa Laya.
Acarició con amor el pelaje ónix del animal; esta pareció reconocerla, emitiendo un suave relincho.
—Al parecer le has caído bien.
Némesis levantó la mirada sin dejar de pasar los dedos entre el fino pelaje.
—¿Por qué