JAVIER
Llevaba veinte minutos sentado en el coche.
No porque estuviera nervioso, no estaba nervioso, solo necesitaba asegurarme del momento preciso. Lo último que necesitaba era llegar demasiado temprano y parecer que estaba esperando, o llegar tarde y perderla por completo.
Mi informante había sido muy específico con el horario.
Catalina salía del edificio de la Fundación Tender Hearts todos los días entre las cinco y las cinco y media, siempre por la entrada lateral, siempre con su guardia ca