ALEJANDRO
El trayecto de vuelta desde la mansión fue tranquilo.
No incómodo, solo el tipo de silencio que tenía peso, el que viene después de una habitación llena de personas y reacciones y cosas que necesitaban sentirse pero que no podían sentirse en público.
Seguía viendo la cara de Marisol.
Ese segundo antes de que lo guardara, antes de que dijera qué noticia tan maravillosa con esa voz compuesta perfecta que había aprendido viéndome a mí y a todos en esa casa fingir que estaban bien durante