ALEJANDRO
El trayecto fue silencioso, lo cual honestamente prefería.
Catalina tenía el teléfono en la mano y lo miraba fijamente como si le debiera algo, y no me molesté en preguntar qué le pasaba porque fuera lo que fuera, no estaba seguro de estar listo para lidiar con ello esta noche.
Ya tenía suficientes cosas dando vueltas en mi cabeza.
Las palabras de Lucía no me habían dejado en paz desde aquella noche, ni un solo día, ni una sola hora. Las seguía empujando hacia el fondo de mi mente y s