CATALINA
Odiaba en lo que se estaban convirtiendo las cosas, la mansión parecía estar volviendo a como solía ser antes de que Alejandro y yo nos lleváramos bien: solitaria.
Igual que la mansión de Javier y la de los Montoya, espacios grandes, con toda la riqueza y varias personas dentro, pero demasiado fríos y solitarios, como si no hubiera amor ni calidez entre las paredes.
―¿Por qué acepté tomarme el día libre en primer lugar? ―gruñí, dándome cuenta de que tenía hasta las 3pm para ver al desc