MATTEO
Ya estaba ahí cuando llegué, y aunque eso no contaba como nada, es algo que he observado de cada Montoya.
Nunca llegan tarde, sin importar qué tan insignificante sea el arreglo o la reunión, y todo eso era gracias a Don.
―Ese hombre… ―mis puños se apretaron mientras pensaba en lo que realmente quería hacer con él, pero entonces, tenía una invitada esperando.
Mariana Montoya.
Esta noche estaba sentada en el rincón del restaurante con una copa de vino que no había tocado y sus manos muy cu