Recuerdos.
Varios días habían pasado, en todos los personajes habían muchas emociones encontradas, perdidas y dolor en sus corazones.
Mirando a través de la ventana, Luna estaba concentrada con una taza de té en ella.
—¿Has pensado en buscar trabajo?— la voz detrás de ella resonó con el recuerdo de los años.
Su madre, una mujer de avanzada edad tejía una hermosa manta.
—Por ahora quiero estar contigo, acompañarte— volteo y se encontró aquellos ojos marrones, los mismos que de pequeña le dieron tanta seguridad.
Un pequeño pinchazo hizo que su madre soltara un quejido, —¿Estás bien?— pregunto acercándose a ella, preocupada por la persona que más ama en esta vida.
—Estoy bien hija, no debes de preocuparte, tú descansa que veo muchas ojeras en tus ojos ¿No estás durmiendo bien?— Una madre siempre sabe cuando los hijos sufren y Luna estaba arrastrando con unas cadenas invisibles, pero tan pesadas como el plomo, incapaz de confesar todo lo que había acarreado la desicion de tomar el lugar