Capítulo 59: La verdad que nunca debí escuchar
Un silencio absoluto en la sala, distinto a cualquier otro que hubieran experimentado, era indescriptible. Si bien nadie podía definir un silencio normal, este tenía un peso inmenso, oprimiendo a todos los presentes con la inconfundible certeza de que algo fundamental acababa de cambiar.
Dante miró fijamente a Liliana, quien permanecía en lo alto de la escalera como una estatua esculpida en hielo y fuego, y por primera vez en lo que pareció una ete