CAPÍTULO 16. No nos vamos a ir a ningún lado
Stefano sintió que el alma volvía a su cuerpo cuando esa mañana por fin las enfermeras retiraron el kit de aislamiento de Fiorella y Stefano pudo abrazarla. Los análisis de la niña habían salido muy bien, se estaba recuperando, aunque definitivamente tendría que vivir con aquella enfermedad toda la vida.
—¿Cómo podemos pagarte esto? —preguntó Helena cuando el ruso le dijo que prepararía las dosis de Fiorella para los siguientes seis meses.
—No es necesario, lo saben. Lo único importante es que