CAPÍTULO 15. ¡Que sea lo que Dios quiera!
Incluso antes de llegar ya Kiryan le había mandado el código para que pudiera subirse al ascensor, así que Stefano no lo dudó ni un segundo antes de dirigirse a aquel piso fantasma de los Laboratorios Zeynek. Seguía viéndose como el mismo cuento de hadas de siempre, solo que más oscuro, porque las persianas de todo el piso estaban echadas. Allá en el fondo apenas estaba encendida una luz en la cocina y las de un par de los pequeños laboratorios que tenían ahí.
Lo bueno de que no hubiera ni una