Alice estuvo unos cinco días más en el hospital, Luis le dio el alta, sentándose mi esposa en una silla de ruedas que le llevaron para marcharnos del hospital y llevarla hasta mi coche, aunque temía que cuando estuviéramos en mi coche, ella no quisiera que la llevará a nuestra casa, no la iba a obligar por supuesto, pero la necesitaba conmigo, cuidarla como se merecía y mimarla con caricias y regalos
— ¿A dónde te crees que me llevas? — pregunto
— A nuestra casa, como es lógico — hay estaba la