Gritaba y gritaba de dolor, pero Marco no cesaba siendo primero su placer que el daño que me estaba haciendo, hasta que escuchamos una especie de disparo, poniendose a llorar mi hijo, Marco entonces se apartó de mí por un momento, pero me cogió del pelo, me levanto de la cama, poniendome delante de él, como si fuera su escudo. Nos quedamos por un momento de pie enfrente de la puerta del dormitorio, aunque intente por todos los medios soltarme de su agarre para ir al dormitorio de mi hijo, ya qu