CAPÍTULO 8. Un lugar hostil
CAPÍTULO 8. Un lugar hostil
—¡Tienes que irte!
Aquella sentencia hizo que el cuerpo de la muchacha se tensara.
—¿¡Quééééé…!? ¡No, abuelo…!
—¡Tienes que irte, Naiara! ¿No lo entiendes? Si yo no mandé esto, entonces alguien más lo hizo. ¡Alguien te trajo aquí con… con todas estas mentiras! —aseguró su abuelo.
—¿Entonces es mentira que querías que viniera? —preguntó ella con el corazón en un hilo.
—¡No, hija, claro que no! ¡Pero es mentira que voy a vender la finca! ¡Es mentira que te haya mandad