CAPÍTULO 7. Lágrimas de culpa
CAPÍTULO 7. Lágrimas de culpa
Tocaba una dramática despedida, polvo bajo las llantas de su auto… pero la verdad fue que Naiara solo pudo avanzar una calle, porque no tenía ni puñetera idea de por dónde tenía que irse.
Puso los ojos en blanco con una mueca y se bajó frente al establecimiento más cercano, procurando no mirar al hombre que había quedado cincuenta metros atrás y la observaba como si acabara de golpearlo.
Se acercó a la puerta, donde una muchacha solo un poco mayor que ella barría