DONDE HUBO FUEGO... CAPÍTULO 32. Dos corazones rotos
DONDE HUBO FUEGO... CAPÍTULO 32. Dos corazones rotos
¿Cómo era tan tonta como para permitir que la misma persona le rompiera dos veces el corazón?
Eso era lo único en lo que Ximena podía pensar mientras salía de aquella clínica como un huracán, pero en el mayor silencio posible, porque ventilar sus problemas no era precisamente algo que le agradara. Y lo único que le impidió a Javier gritar su nombre hasta el otro lado del estacionamiento fue precisamente que tenía media comitiva de sus emplead