EPÍLOGO.
EPÍLOGO.
Podían parecer largos, pero realmente dos años se habían ido en medio del mayor ajetreo posible. Aquella construcción masiva había ido escalando poco a poco, abriéndose paso en las laderas de una colina baja en las tierras de los Leal, hasta quedar convertida en una pequeña ciudad sumergida que era una delicia recorrer.
No le faltaba nada, absolutamente nada, y en el mismo momento en que el jefe de obra instaló la última bombilla, y se giró con los pulgares levantados hacia Javier, sin