Durante la madrugada, desperté a mitad del sueño. Con el cabello aún húmedo por la ducha que había tomado hacía pocas horas, giré en la cama y por simple costumbre, traté de volver al sueño abrazándome a mi esposo.
Pero mi brazo cayó sobre las sabanas frías. Entonces entreabrí los ojos y me senté bostezando, viendo el espacio vacío a mi lado con el entrecejo fruncido. Al alzar la vista, vi que la puerta de la habitación estaba abierta. Intrigada, me envolví en una sabana y me asomé al oscuro pa