—¿Quién es, Hannah? —me presionó Adam, mirándome con los celos hirviendo en su rostro y apretando mis muñecas contra mis propios pechos.
Su cuerpo estaba encajado entre mis piernas, y yo estaba semidesnuda, en erótica lencería negra, debajo de él; atrapada entre la piel del sillón y el peso aprehensivo de mi esposo. Apenas me estaba preparando para hablarle sobre mi cita con ese hombre y lo que ahora sabía de mi madre, pero había imaginado que tendría tiempo de reconciliarme con mi marido y pl