Con aquello que dijo mi marido, me quedé boquiabierta, absolutamente incrédula y así permanecí por todo ese día. Me quedé pensando en su propuesta incluso después de regresar a casa y ocultar la marca de sus dientes en mi hombro con maquillaje. Estuve con mi bebé toda esa tarde, viéndolo jugar en el césped y gateando en la alfombra de mi habitación. Oí sus risas y adorables balbuceos, preguntándome si Adam realmente había hablado en serio cuando me pidió darle otro bebé.
Y más sorprendida quedé