"Hannah, sé más del amor que usted y conozco mejor al desamor". Hasta ahora, esas palabras que compartió conmigo la noche que dormimos juntos por primera vez, en Montreal, tomaron su sentido real.
Adam Baker venía de un matrimonio fallido, rotó solo hacía un año. Yo era su segunda esposa.
Cuando la puerta de la oficina se abrió con esfuerzo, yo ya me encontraba oculta tras un muro. Me mantuve callada, con el corazón latiendo errante en el pecho y con la garganta contraída por la anticipación. Oí