4. CODICIOSO
Incluso con la poca luz de las farolas y el tumulto de curiosos que la rodeaban, fui capaz de ver perfectamente la mancha roja pintando su labio inferior y, a pesar de estar a distancia de ella, noté la hinchazón y el fino corte. El aborrecimiento que ya sentía por Sean Lake creció aún más en mis venas y, en un microsegundo, se transformó en aversión, en absoluto y desbordado odio.
No tenía que preguntar cómo pasó, porque la escena se recreó en mi cabeza instantáneamente mientras avanzaba hacia