4. CODICIOSO
Incluso con la poca luz de las farolas y el tumulto de curiosos que la rodeaban, fui capaz de ver perfectamente la mancha roja pintando su labio inferior y, a pesar de estar a distancia de ella, noté la hinchazón y el fino corte. El aborrecimiento que ya sentía por Sean Lake creció aún más en mis venas y, en un microsegundo, se transformó en aversión, en absoluto y desbordado odio.
No tenía que preguntar cómo pasó, porque la escena se recreó en mi cabeza instantáneamente mientras avanzaba hacia ella dando largos pasos. Pude imaginar la mano de ese tipo elevándose, para impactarse en mi Hannah y hacerle aquello.
Dominando mi razón, lo primero que hice fue verificar su estado.
—¿Qué es todo esto? —la miré ansioso y toqué su labio con sumo cuidado, en extremo preocupado.
Mis ojos inquietos la analizaron detenidamente de pies a cabeza, en busca de cualquier otra herida, por minúscula que fuese.
—¿Es usted familiar? —me preguntó con recelo el tipo que la sostenía.
En ese momento, lo miré