El vapor se elevaba perezosamente a través de la suite privada del spa, con el aire perfumado ahora de lavanda y sándalo. Charlotte permanecía tendida sobre la mesa acolchada, con la bata desatada y la piel todavía sonrojada y caliente por su primer orgasmo intenso. Samantha se movía con una confianza lánguida y sensual, reuniendo aceites tibios, paños de algodón suaves y navajas que brillaban bajo la luz tenue y acogedora.
Charlotte se removió ligeramente, con una sonrisa débil pero pícara en