CAPÍTULO 33. ¿Actuación o realidad?
—Lizetta... —Alan no era capaz de reconocer ni su propia voz de lo molesto que estaba—. ¿¡Qué diablos estás haciendo aquí!?
La rubia cerró la puerta tras ella y se acercó al escritorio, contoneándose, mientras Alan podía sentir que se le erizaban hasta los pelos de la nuca y no en el mejor sentido.
—Hola querido, un placer volver a verte, aunque sea en estas incómodas condiciones —murmuró ella sentándose sin importarle que no la habían invitado.
—En eso estamos de acuerdo, las condiciones son p