—Aquí no hay extraños, así que puedo decirlo. Está bien, no volveré a mencionarlo.
—¿Has venido solo para chismear? —preguntó Diego.
—¿Cómo puedes decir eso? —se apresuró a responder Pablo—. Me preocupo por ti. Pero con el mal carácter de Irene ahora, después de lo que pasó ayer, aunque tú seas la víctima, dudo que lo acepte. ¿Qué piensas hacer al respecto?
—¿Qué tiene que no aceptar? ¡Yo aún no le he reclamado nada! —respondió Diego con rabia.
—Deberías ponerla en su lugar. Su actitud últimamen