Diego, con una máscara en la cara, echó un vistazo a Lola.
—No quiero ser una molestia, pero realmente no sé qué hacer. Diego, puedes ayudarme? Está bien si no puedes, es que soy una hermana incapaz...
—No subestimes a ti misma. Yo me encargaré de ello. —dijo Diego, su voz un poco ronca.
—Diego, ¿te has resfriado? —Lola se sorprendió de inmediato.
Diego ya sabía anoche que había sido golpeado por alguien, y podía adivinar quién tenía el coraje para tocarlo. Sin embargo, luego reconstruyó los eve