Esa mañana, Diego recibió una llamada de Lola, que lloraba desconsoladamente. Resulta que un insecto la había asustado. Ella le dio un pequeño golpe.
—¡Es que tengo miedo!
Diego recordó una vez que fue a buscar a Irene y la encontró disecando un ratón. Su habilidad y su mirada fría parecían no tener calidez. Volviendo al presente, vio a Lola con cierto temor en sus ojos y le acarició la mano.
—No te preocupes, estoy aquí.
En el pasillo, al final, Vicente colgó el teléfono y vio a Pablo.
—¿Algo s