Pablo no podía creer que Irene no le diera ni siquiera el respeto que merecía Vicente. Sin embargo, Vicente no pareció molesto y simplemente dijo:
—Entonces, ve a hacer lo que tengas que hacer.
Frente a Vicente, Pablo tampoco podía decir mucho más. Condujo hacia el restaurante, durante el trayecto llamó a Diego.
Al llegar, se dio cuenta de que Diego ya había llegado antes que ellos. No estaba solo; a su lado había una chica encantadora y risueña que le hablaba animadamente.
Vicente frunció el ce