Santiago casi quería golpear a Diego con su bastón; total, la familia Martínez ya tenía descendencia, ¡así que ese nieto no hacía falta! Pero al final, no se atrevió, después de todo, lo había criado él mismo.
—¡Ve a casa y mira bien tus fotos de niño! Feli, además de tener los ojos de Ire, ¡tiene tu nariz, boca y barbilla! —dijo.
—¿De verdad? —Diego sonrió tontamente.
Lo que otros dijeran, tal vez podría cuestionarlo, pero las palabras de Santiago le daban mucha confianza.
—¿No tienes ojos? ¿No