El dulce sabor apenas comenzaba y Diego ya había sido empujado. Instintivamente, la abrazó con más fuerza, pero pronto recobró la conciencia y se sintió un poco asustado.
—Ire... —Aunque se había alejado de sus labios, aún no podía soltarla—. Anoche, realmente... no pude controlarme. No te enojes...
—¿Y ahora? —Irene intentó zafarse de él, pero no pudo—. ¡Suéltame! ¿No puedes controlar esto ahora?
—Ire... —Diego la miró con expresión de dolor—. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que te abracé? Déjam