Irene ya no podía escuchar su voz; su conciencia estaba completamente dominada por el deseo.
Diego respiraba con dificultad, sintiendo que su cuerpo ardía incluso más que el de Irene.
Irene se había ido durante más de cinco años, y Diego la había extrañado durante todo ese tiempo. Mientras la añoranza lo atormentaba, Diego solía recordar momentos de su relación, en los que él había sido indiferente y cruel con Irene.
Aunque esos recuerdos solo duplicaban su dolor, no podía evitar pensar en ellos