—¡Ire!
Los dos hablaron al unísono, e Irene miró en su dirección. Pero su mirada se desvió rápidamente y, junto a Estrella, se acercó a Vicente.
—Vicente, gracias por lo de antes. Te devolveré la ropa después de llevarla a la tintorería. —Estrella llevaba el abrigo de Vicente en el brazo mientras hablaba.
—No hace falta lavarla, no está sucia. Dámela. —Vicente extendió la mano.
—¿Cómo crees? —respondió Estrella—. Tenía bebidas en el cabello y se me manchó tu ropa.
—No importa, —dijo Vicente—. Cu